Más allá de firmar un formulario: la ética relacional en la investigación con personas mayores
Contributor – Francisco Javier Arroyo Cruz
As nursing professionals, or as researchers, we often find ourselves with a dual identity. On the one hand, we have the need to generate science and knowledge in the face of global demographic aging; on the other hand, we carry with us the ethical imperative of our discipline: the protection of human dignity. This tension has led me to reflect on a question that is often ignored when researching this population: Do current regulatory frameworks truly protect older adults, or do they merely provide legal protection?
When designing protocols, it is common to assume the universality of international ethical standards. However, it is necessary to view them from a broader perspective. These frameworks emerged from specific historical milestones, perceiving the research subject as a completely autonomous individual. When this same view is applied to a heterogeneous population of older adults, where frailty, dependency, or cognitive impairment may exist, the ethical shortcomings of the standardized norm become apparent. In response to this gap, frameworks such as the Theory of Aging highlight the need to evaluate the person from a holistic and individual perspective (Raile & Fawcett, 2024).
From the broad perspective of nursing knowledge, deontology does not represent a simple checklist; it should be viewed as a living manifestation of the patterns of ethical and emancipatory knowledge (Chinn, 2024; Lindell & Chinn, 2025), where we are required to observe the sociopolitical and contextual realities of the person in our care.
The illusion of consent and the paradox of care
In academic bureaucracy, informed consent is a static and obligatory act, usually culminating in a signature. However, in research with older adults, autonomy does not function like an “on and off” switch. An older person’s decision to participate is rarely an isolated act; it is often mediated by social factors, by following instructions within an institution, or by the simple desire for comfort in the face of loneliness (Flower, 2025).
Reducing consent to a mere document represents a deontological lapse. We, as nursing professionals, must commit to proposing and practicing consent as a relational and continuous process. This requires constant clinical assessment, as well as open dialogue throughout the entire study.

In this process, a delicate situation emerges: the balance between protecting the individual and their agency. For example, if we structure a research study in an overly protective manner, we risk paternalism; conversely, if we demand total autonomy without considering the individual’s actual limitations, we fall into ethical neglect. Therefore, the researcher’s professional judgment must be able to strike this balance: protecting without silencing.
Non-maleficence; the person is not a numerical indicator
The principle of “non-maleficence” becomes especially relevant when the body and mind of the participant experience vulnerability due to aging. Uncertainty is inherent in science; however, when working with older adults, research risks are not only physical but also psychological and relational.
Obtaining data from older participants without ensuring that the benefits are proportionate, tangible, and significant can be considered academic exploitation. When the researcher’s priority shifts toward academic output or the metrics in their publications, the nursing ethos is distorted. “Do no harm” refers to anticipating, with clinical sensitivity, the actual impact of our intervention in the person’s life (Duran, 2026).
Methodological rigor as a moral imperative
When learning or teaching research, scientific validity is often addressed as a purely technical requirement; however, from a deontological perspective, a poor methodological design can represent a significant shortcoming.
Subjecting an older person to complex interviews or stressful dynamics within a study where care was taken in sample selection, there is poor design, bias, etc., can be seen as a violation of their dignity. From this perspective, the older person faces each situation of the project in exchange for useless knowledge. Therefore, methodological rigor is not separate from care; it is the tool that the researcher must use to ensure that the effort and time that the participant contributes have real value.
Towards research with a caring essence
Nursing research demands reflection: the person answering our questions is the same person who requires our care. A transition is needed from research about older adults to research with older adults. Only when scientific rigor goes hand in hand with empathy does professional ethics cease to be a mere formality and become a truly empowering practice.
Española
Como profesionales de enfermería, o como investigadores, es común que nos encontremos dentro de una doble identidad. Por una parte, tenemos la necesidad de generar ciencia y conocimiento ante el envejecimiento demográfico global, por otra parte, llevamos con nosotros el imperativo ético de nuestra disciplina; la protección de la dignidad del ser humano. Esta tensión, me ha llevado a reflexionar sobre una pregunta que se suele ignorar al investigar en esta población; ¿Los marcos normativos actuales protegen realmente a la persona mayor, o solo representan un blindaje legal?
Cuando diseñamos protocolos, es común asumir la universalidad de los estándares internacionales de ética, sin embargo, es necesario visualizar desde una perspectiva más amplia, estos marcos surgieron de hitos específicos, en estos, se percibe al sujeto de investigación como una persona completamente autónoma. Cuando se traslada esta misma visión a una población heterogénea de personas mayores, donde puede existir fragilidad, dependencia o deterioro cognitivo, emergen las insuficiencias éticas de la norma estandarizada. Frente a este vacío, marcos como la Teoría del Envejecimiento, evidencian la necesidad de evaluar a la persona desde la dimensión holística e individual (Raile & Fawcett, 2024).
Desde la amplia perspectiva del conocimiento enfermero, la deontología no representa un simple checklist, debe visualizarse como una manifestación viva de los patrones del conocimiento ético y emancipatorio (Chin, 2024; Lindell & Chinn, 2025), donde se nos exige observar las realidades sociopolíticas y contextuales de la persona que está a nuestro cuidado.
La ilusión del consentimiento y la paradoja del cuidado
En la burocracia académica, el consentimiento informado representa un acto estático y obligatorio, usualmente este culmina con una firma, sin embargo, en la investigación en personas mayores, la autonomía no funciona como un interruptor de “encendido y apagado”. La decisión de una persona mayor de participar, difícilmente es un acto aislado, a menudo está mediada por cuestiones sociales, por seguir instrucciones dentro de una institución, o, por el simple deseo de complacencia ante la soledad (Flower, 2025).
La reducción del consentimiento a un documento, representa un descuido deontológico. Nosotros como profesionales de la enfermería debemos comprometernos con proponer y ejercer el consentimiento como un proceso relacional y continuo. Esto necesita de valoración clínica constante, así como un diálogo abierto a lo largo de todo el estudio.
En este proceso, emerge una situación delicada; el equilibrio entre la protección de la persona y la agencia, por ejemplo, si estructuramos un estudio de investigación excesivamente protector, se corre el riesgo de ejercer paternalismo, por el contrario, si exigimos una autonomía total, sin considerar las limitaciones reales de la persona, estamos cayendo en el abandono ético. Entonces, el juicio profesional del investigador debe ser capaz de lograr el punto; proteger sin silenciar.
No maleficencia; la persona no es un indicador numérico
El principio de “No maleficencia”, adquiere principal relevancia cuando el cuerpo y la mente de la persona participante, experimenta vulnerabilidad derivada del envejecimiento. El fenómeno de la incertidumbre es inherente a la ciencia, sin embargo, cuando se trabaja con personas mayores, los riesgos de una investigación, no solamente son físicos, también ha riesgos psicológicos y relacionales.
Obtener datos de la persona mayor participante, sin estar seguros de que los beneficios son proporcionales, tangibles y significativos, puede considerarse explotación académica. Cuando la prioridad del investigador se ve desplazada hacia la producción académica, o las métricas en sus publicaciones, se distorsiona el ethos de la enfermería. No dañar hace referencia a anticipar con sensibilidad clínica el impacto real de nuestra intrusión en la vida de la persona (Duran, 2026).
El rigor metodológico como un imperativo moral
Cuando se aprende o se enseña investigación, frecuentemente se aborda la validez científica como un requisito puramente técnico, sin embargo, desde una perspectiva deontológica, un diseño metodológico deficiente puede representar una falta importante.
Someter a una persona mayor a entrevistas complejas o dinámicas estresantes, dentro de un estudio donde no se tuvo cuidado al elegir la muestra, hay un mal diseño, sesgos, etc. Puede verse como una vulneración a su dignidad, desde este punto, la persona mayor se enfrenta a cada situación del proyecto a cambio de conocimiento inútil. Por lo tanto, el rigor metodológico no es ajeno al cuidado, es la herramienta que el investigador debe utilizar para garantizar que el esfuerzo y tiempo que el participante brinda tengan un valor real.
Hacia una investigación con esencia de cuidado
La investigación que se genera desde la enfermería, exige reflexionar, la persona que está respondiendo nuestras preguntas, es la misma persona que requiere nuestro cuidado. Se requiere una transición desde la investigación sobre personas mayores hacia la investigación con personas mayores, solo cuando el rigor científico camina de la mano con la empatía, la deontología deja de ser un simple trámite y se convierte en una práctica verdaderamente emancipatoria.
About Francisco Javier Arroyo Cruz

Francisco Javier Arroyo Cruz, PhD, holds a doctorate in Nursing Science and is a professor and researcher in Mexico. His work has focused on the study of aging, the care of older adults, and the development of nursing discipline knowledge. From a perspective that integrates the ethics of care and scientific research, he argues that protecting older adults in research requires going beyond regulatory compliance and recognizing their dignity, autonomy, and life context as central elements of all research practices.
Española
Francisco Javier Arroyo Cruz, PhD, es Doctor en Ciencias de Enfermería, docente e investigador en México. Su trabajo se ha centrado en el estudio del envejecimiento, el cuidado de las personas mayores y el desarrollo del conocimiento disciplinar de enfermería. Desde una perspectiva que integra la ética del cuidado y la investigación científica, sostiene que la protección de las personas mayores en investigación requiere trascender el cumplimiento normativo y reconocer su dignidad, autonomía y contexto de vida como elementos centrales de toda práctica investigativa.
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